“Si debiera definirme diría que soy un hedonista atrapado en un mundo politizado al extremo”, escribió Milan Kundera en la introducción a su única y extraordinaria obra de teatro, de 1981, cuando su pequeño país aún estaba ocupado. 52 años antes, el 1 de abril de 1929, Milan vio la luz en un pueblo de nombre impronunciable (Brno), de Bohemia, región que en la actualidad forma parte de la República Checa. En su adolescencia se dedicó a la música (como pianista de jazz), luego a escribir poemas y ya a los treinta años escribió el primer relato que vale la pena, como él mismo afirmó. Se trata de uno de los cuentos “El libro de los amores ridículos”, publicado en 1967, año en el que también apareció la novela que lo catapultó como uno de los mejores escritores del orbe: “La broma”, obra que enloqueció a muchas personas y naciones politizadas al extremo. En 1968, Kundera promovió “la primavera de Praga” de diferentes maneras. Invitó, por ejemplo, a sus entrañables amigos Cortázar, Fuentes y García Márquez a que dieran una mano a su pueblo querido. Y días después, a causa de la invasión soviética, Milan perdió toda forma legal de ganarse la vida: lo echaron del trabajo en la Universidad y prohibieron sus libros. ¡Y todo por una broma! El humor había sido acallado. A pesar de eso, el estimado Kundera encontró la vida en otra parte (Francia) y ya lleva escrito 17 libros que incluyen todos los géneros: ensayo, poesía, cuento, teatro y novela (entre los que sobresalen “Los testamentos traicionados”, “La insoportable levedad del ser”, “La inmortalidad” y “El telón”), recibiendo numerosos premios en distintos lugares del mundo y siendo nombrado año tras año para el Nobel de literatura, aunque la mayoría afirma que nunca lo recibirá porque los malos lectores -¿y los miembros de la Academia sueca?– aún no perciben que la vida no se resume en la política y, sobre todo, que los valores transcendentales de su literatura son el amor, la belleza y el pensamiento, que fluyen entre sus palabras de una manera profunda, innovadora y bella. Como obsequio de cumpleaños van estas humildes palabras que carecen de belleza, innovación y profundidad, pero que buscan recordar y homenajear al hedonista intelectual y escritor de las estupendas obras que me acompañan desde hace siete años nocturnos e incluso diurnos. Feliz 82 años, Milan.
Sebastian Ocampos


